lunes, 5 de diciembre de 2016

EL RECICLAJE DE BARCOS



Los barcos también llegan al final de su vida útil, como sucede con los coches y otros medios de transporte.
Están compuestos, en su mayor parte, de metales férricos y metales no férricos, su desguace supone la oportunidad de recuperar los materiales y una buena fuente de suministro para los gestores de residuos.

Los materiales de las embarcaciones, es decir, los barcos de recreo, y de los buques, ya sean barcos militares, comerciales o de crucero, siempre han sido reciclados al final de la vida de los mismos.
La normativa señala que una embarcación debe pasar a denominarse buque cuando supera los 500GT’s (Gross Tonnage), una noción que no tiene que ver con el peso del buque, sino con el volumen de arqueo de la embarcación.
Desgraciadamente, asociado a los barcos, existe un grave problema medioambiental y es su desguace ilegal en países como la India, Bangladesh o Pakistán.
            El 75% de la contaminación marítima por hidrocarburos proviene de tal actividad, aunque erróneamente se crea que se debe a catástrofes marítimas como la del “Prestige”. El desguace ilegal de, por un ejemplo, un barco carguero, supone el vertido de unos 40.000 litros de aceite.
            Otros países como Mauritania cuentan con verdaderos cementerios de barcos abandonados por aquellos que no consideraron rentable su desmontaje y desguace.

            El metal férrico que se encuentra en las embarcaciones y buques es el acero, mientras que el cobre, el aluminio, el latón, el plomo o el zinc forman parte de los metales no férricos que los componen.


            Aparte de estos materiales, también se encuentran maderas, plásticos, gomas, aceites, anticongelantes, hidrocarburos, aguas con hidrocarburos, sentinas, aguas de lastre, PVC, amianto, gases de refrigeración, pinturas, residuos asimilables a urbanos, componentes eléctricos y electrónicos (RAEE’s), es decir, un sinfín de materiales que convierten a las embarcaciones en grandes fuentes de materiales reciclables que vale la pena aprovechar.
            Pero para ello, por supuesto, éstas deben ser desguazadas.
            En primer lugar, se retiran tanto los hidrocarburos como las aguas de lastre, así como los residuos sólidos extraíbles sin desguazar. Posteriormente, se procede al desamiantado de la embarcación y a la extracción de gases de efecto invernadero.

            Resulta más eficaz iniciar el proceso por los residuos peligrosos, para seguir, más adelante, con los no peligrosos.

            Después, se procede al desarbolado quitando el puente del barco y operando por niveles, de arriba abajo, hasta llegar a la zapatilla del buque. Finalmente, ésta es extraída, generalmente con grúas, en una rampa varadero o mediante un dique seco, dando por finalizado el desguace y emitiendo el certificado del mismo.

            En este proceso intervienen, entre otras figuras, autoridades portuarias, capitanías marítimas, departamentos de medio ambiente de la comunidad autónoma donde se realice el desguace, así como consignatarios, prácticos del puerto, compañías de seguros y, por supuesto, empresas gestoras de residuos.

            Pero el desguace de una embarcación presenta ciertas dificultades. Si no se dispone de dique o rampa, el desguace debe llevarse a cabo en flotación y, este hecho, lo convierte en un proceso más lento y de mayor riesgo ambiental, de seguridad y de salud en el trabajo. De todos modos, hoy en día, gracias a las técnicas y medios de los que se dispone para el desguace en flotación, ésta no debe ocasionar problemas y se puede hacer de una manera segura.


            Otro problema que puede aparecer en el proceso es que el vendedor del barco, público o privado, no haga la declaración del inventario de residuos que contiene el barco, lo cual puede ser un problema para el gestor valorizador del barco por no disponer de toda la información de los residuos que se encuentran a bordo y no poder valorar adecuadamente su gestión técnica y económica.

            Por otra parte, se da, también en el sector del reciclaje naval, un problema de intrusismo. Existen empresas de reciclaje que reciclan barcos en instalaciones no autorizadas, pues las instalaciones, y no solamente la sociedad que realiza la gestión del residuo, deben estar autorizadas.
            Ello supone una competencia desleal para otros gestores que sí cumplen con todos los requisitos y que tienen que amortizar instalaciones mayores que si están pensadas para poder tratar esos buques.

            La ley española de residuos 22/2011 regula el buque como un residuo más. Atendiendo al convenio de la Organización Marítima Internacional (OMI), si los buques no son descontaminados previamente (al ser un residuo peligroso) las empresas que van a realizar su reciclado deben ser gestoras de residuos peligrosos para todo tipo de embarcaciones y buques independientemente de su arqueo.
            Esta actividad está regulada por el Reglamento Europeo 1257/2013, y por el convenio internacional de Hong Kong de 2009, que espera ser subscrito por la mayoría de los países que tienen flota en el mundo.
            Su objetivo es conseguir que el reciclaje de un barco al final de su vida útil sea correcto y sostenible. En dicho convenio, se acuerda reciclar los barcos en instalaciones autorizadas que cumplan sus requisitos y gestionar adecuadamente los residuos producidos.
            En España hay que conseguir la Autorización Ambiental Integrada (AAI) para la instalación de reciclaje de buques y ser gestor de residuos peligrosos y si está descontaminado en origen al menos de residuos no peligrosos.
            Algunos recuperadores que ya consiguieron la autorización de gestor para una zona concreta, actualmente deben ampliarla, por lo que se les exige un estudio del impacto ambiental y la autorización ambiental integrada, ya que se trata de un cambio sustancial con respecto a la autorización inicial y se les aplica la normativa vigente en este momento.

Deshacernos de un aparato electrónico




A veces no sabemos que hacer para deshacernos de un aparato electrónico ya que no terminamos de descifrar de verdad qué es lo que hay que hacer con ellos o dónde hay que llevarlos para poder reciclarlos.


Vamos a analizar todo lo que puedes hacer con el reciclaje de un aparato electrónico:
·         Tipo de aparato electrónico: hay que tener en cuenta qué tipo de aparato electrónico tenemos, es decir que no es lo mismo tener un aparato que sea usado que un aparato que se convierta en un residuo.
    • Si funciona, pero ya no lo queremos: en ese caso podemos donarlo o llevarlo a un sitio de segunda mano.
    • No funciona, no tiene un fin de nueva reutilización.
·         Vías de reciclaje:  existen varias posibilidades
    • Generalmente todas las ciudades y poblaciones cuentan con un tipo de punto limpio especial, aunque en algunos casos existe la posibilidad una recogida domiciliaria. Lo mejor es averiguar en cada lugar cuál es la vía real.
o   Otra vía de reciclaje es donde hemos comprado el nuevo aparato. El establecimiento tiene la obligación general de hacerse cargo de nuestro viejo aparato electrónico siempre que se lo solicitemos previamente y hayamos adquirido uno nuevo en el mismo establecimiento.
o    Llevarlo a un gestor de residuos que esté autorizado.
·         Sin baterías: En el momento de entregar un aparato electrónico, en caso de que se trate de un aparato que haga uso de baterías o de pilas, debe entregarse sin ellas, ya que éstas deben reciclarse en otro contenedor diferente.
·         Justificante: Cuando entregas un aparato electrónico deberían darnos un justificante o albarán en donde estén las características de lo que hemos entregado.
·         http://www.gremirecuperacio.org/

jueves, 10 de noviembre de 2016

¿Es lo mismo una Chatarrería que un Desguace?

Las chatarrerías son las instalaciones donde se  compra, almacena, clasifica y vende la chatarra. En ellas se valorizan los residuos para sus posteriores aplicaciones.
El chatarrero es la persona que se dedica profesionalmente al negocio de la chatarra. La figura del chatarrero ha evolucionado sustancialmente en los últimos años, teniendo que adaptar sus plantas de tratamientos  a toda la normativa medioambiental. El chatarrero ha tenido que realizar grandes inversiones para convertirse en gestores de residuos.

La chatarra es el conjunto de metal de desecho, principalmente trozos de hierro. También se emplea el término en un sentido peyorativo para referirse a cosas de poco valor, especialmente monedas o bisutería. Pero, por el contrario, cada vez más se está empezando a dar valor a la chatarra por parte de la sociedad. Los recortes o sobrantes de hierros y metales tiene un valor económico en la mayoría de los casos y su recogida, correcta clasificación y tratamiento en una planta de reciclaje de chatarra hacen que pueda reutilizase como materia prima para la elaboración de materiales nuevos en las fundiciones de hierro o de los diferentes metales como pueda ser el aluminio o el cobre.
La chatarra de hierro se utiliza en la producción de acero, y cubre un 40 % de las necesidades mundiales. El porcentaje de uso varía según el proceso de fabricación utilizado, y el 20 % se usa en la producción de acero por convertidor LD y llega hasta el 100 % en el proceso de fabricación por horno eléctrico.

Todavía hay proveedores que siguen confundiendo las chatarrerías con los desguaces, antiguamente cuando decidíamos  cambiar de coche llevábamos el antiguo a una chatarrería. Esto ya no es posible, todos los vehículos de menos de 3500 kg deben entregarse en un Centro Autorizado de Tratamiento de Vehículos, lo que comúnmente conocemos como desguace, donde tramitan las baja de los vehículos y pueden adquirirse piezas de segunda mano. En las chatarrerías pueden reciclarse vehículos dados de baja de más de 3500 kg.
Una vez que el vehículo dado de baja está en el desguace, lo primero que se realiza es el denominado proceso de descontaminación. Después  le toca el turno a la valoración del vehículo. En este proceso, se analizan qué piezas están bien, cuáles están defectuosas… de tal forma que las mejor conservadas se exponen para su venta como piezas de segunda mano.
 Todo el metal que se encuentra con algún tipo de desperfecto (aluminio, hierro, etc.), va a parar a los gestores de residuos de chatarra para que, una vez trabajado, lo envíen a las fundiciones o acerías. El resultado final es metal reciclado que se puede volver a utilizar para la fabricación de nuevos componentes.

Por lo tanto, ambos negocios están íntimamente relacionados pero no se trata de la misma actividad.
En nuestra página web de Recemsa dispone de más información sobre la chatarra


http://www.autopista.es