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jueves, 2 de marzo de 2017

Los basureros son minas de metales preciosos



            Aunque cada vez más en los países desarrollados estamos tomando conciencia de la necesidad y conveniencia de reciclar, durante décadas se han venido acumulando en los vertederos todo tipo de basura. Mucha de ella se puede utilizar como materia prima en la fabricación de metal nuevo.
            La más importante es la basura electrónica, es decir, procedente de teléfonos móviles, impresoras, teclados, televisores, neveras, lavadoras y otros aparatos. 



           
            Según cálculos de la ONU cada año se generan en el mundo 40 millones de toneladas de chatarra que alberga metales preciosos como oro, plata, platino o paladio.
            Sigue existiendo un gran desconocimiento sobre el reciclaje de la chatarra y los metales. Aunque no en todos los casos, pero en la mayoría de ellos, si esa chatarra o esos metales son entregados en un Centro Gestor Autorizado, es decir, en una Planta de Reciclaje como puede ser el caso de Recemsa, pueden tener un valor, y la persona que recicla no sólo está contribuyendo en post del medio ambiente, sino que además recibe una retribución por ello.
            Por ejemplo, una tonelada de ordenadores contiene ente 200 y 300 gramos de oro. Solo en China 4 toneladas de oro, 28 toneladas de plata y 6.000 toneladas de cobre se pierden cada año entre montañas de desechos, según estimaciones del Programa Medioambiental de Naciones Unidas. 

            Este ritmo podría aumentar debido a que, a la misma velocidad vertiginosa que aparecen nuevos adelantos tecnológicos, otros quedan obsoletos.

            Además, teniendo en cuenta que los yacimientos de indio, el metal blando más usado para la producción de las pantallas de cristal líquido (LCD) y las pantallas táctiles, se agotarán como muy tarde en una década, responsables de la industria japonesa y estadounidense ya han anunciado que saldrán en busca de estos materiales en los vertederos. 
             Esto mismo está empezando a pasar con el manganeso, un metal raro utilizado como componente de las baterías que se extrae en un 90% en Sudáfrica.
            También con el tantalio, usado en la fabricación de chips para teléfonos móviles.
            Y hasta con el níquel que se emplea para producir acero inoxidable.
                                         ¿Reciclamos?
www.muyinteresante.es

martes, 8 de noviembre de 2016

LA SIDERURGIA Y LA ECONOMÍA CIRCULAR



La siderurgia pide ayudas para la "economía circular" del acero
La siderurgia española reclama mejoras en la gestión de los residuos e incentivos económicos para seguir avanzando en el reciclaje del acero, uno de los exponentes más importantes en Europa de la economía circular.
En 2015, de la industria española salieron 10 millones de toneladas recicladas. Para que nos hagamos una idea visual es como el equivalente a 1.500 campos de fútbol llenos de chatarra.
Desde los años 70, cuando empezaron a usarse las acerías de horno eléctrico, la siderurgia en España ha consumido 450 millones de toneladas de chatarra.


Actualmente, el 75 % del acero que se fabrica en España proviene de reciclado a partir de chatarra frente al 43 % de media de la UE y el 29 % de media mundial.
Como ya hemos indicado en otras noticias los beneficios del reciclaje de acero son claros, por cada tonelada de acero reciclado:
 - la industria ahorra un 85 % de agua
- un 80 % de energía
-  un 95 % de carbón, evitando la emisión de casi dos toneladas de gases de efecto invernadero.
El objetivo de Europa con su paquete de medidas sobre economía circular, es cambiar el modelo económico y de consumo con productos más duraderos y reciclables creando, a su vez, nuevos empleos.
Algunos de los objetivos son, por ejemplo, prohibir la acumulación de residuos reciclables en vertederos o el reciclado del 75 % de los residuos de envases en el horizonte de 2030.

En realidad, para que realmente exista una economía circular hay que desarrollar un nuevo concepto de diseño de productos, es necesario que el residuo sea "trazable" en todo momento, que se sepa todo su camino y que estén garantizadas las infraestructuras necesarias para recoger, clasificar, acondicionar y reciclar en condiciones óptimas.
Existen cuestiones también que deben resolverse:
-          Cada año "desaparecen" del parque móvil de la Unión Europea entre 3,4 y 4,6 millones de vehículos.
-          En España, en el proceso de recogida y reciclaje de aparatos eléctricos entra en juego un mercado negro relacionado con la chatarra en el que esa trazabilidad del residuo se pierde.
Hay que seguir trabajando en pro de reciclaje y, en consecuencia, del medio ambiente. Pero el aumento del trabajo burocrático y administrativo a los gestores de residuos sin ayudas económicas para llevarlo a cabo, no beneficia.

En nuestra pagína web de Recemsa hablamos ampliamente sobre el reciclaje del acero.
http://www.lavanguardia.com

martes, 14 de junio de 2016

Se reducirá a la mitad las Toneladas de chatarra

Se reducirá a la mitad las Toneladas de chatarra
La Autoridad Portuaria del puerto de Pasaisa de Guipuzcua considera que en 2016 podrían moverse 300.000 toneladas de chatarra frente a las 750.000 del año anterior debido al cierre de Arcelor


 El cese de actividad de la planta de Arcelor en Zumarraga no afecta tan solo a la comarca donde está situada, sino que sus efectos van mucho más allá y repercutirán negativamente en la economía guipuzcoana.
Un ejemplo está en el Puerto de Pasaia, donde tradicionalmente el tráfico de chatarra ha sido la principal actividad y una de las que mayores ingresos reporta al recinto portuario junto con los productos siderúrgicos y el transporte de automóviles.
La Autoridad Portuaria ha dado a conocer los resultados correspondientes al acumulado del año hasta mayo, donde destaca el descenso del 6,8% del tráfico de chatarra con respecto a los cinco primeros meses de 2015.
Lejos de ser un hecho puntual, esta bajada de material a mover en el Puerto de Pasaia se viene a sumar a la negativa evolución que ha tenido en los últimos tres meses.
En el comunicado enviado por la Autoridad Portuaria, se advierte de que desde que se anunció el cierre temporal de la planta de Arcelor Mittal en Zumarraga, “se están cumpliendo inexorablemente los peores vaticinios en relación con el tráfico de chatarra”.
Los sucesivos decrementos hacen estimar a los responsables de la actividad en el recinto portuario guipuzcoano que durante el presente ejercicio se moverán 300.000 toneladas totales. Cifra que no alcanza la mitad de la gestionada durante 2015, que se situó en 750.000 toneladas, con la consiguiente repercusión económica negativa.
La otra cara de la moneda se encuentra en el tráfico de productos siderúrgicos, que se ha incrementado. Resulta paradójico que sea otra fábrica de la misma multinacional angloindia, la que desarrolla su actividad en Olaberria, una de las principales responsables de la buena evolución de los productos siderúrgicos, que se incrementaron entre enero y mayo de 2016 un 20% con respecto al mismo periodo del año anterior.
La Autoridad Portuaria señala que este crecimiento es debido a la exportación de perfiles de acero de la factoría de Arcelor Mittal en Olaberria, unido a la fuerte importación de bobinas y chapas, otra de las actividades más tradicionales en el Puerto de Pasaia
El problema de una drástica reducción de tráfico de chatarra atribuido a Arcelor Zumarraga podría verse de este modo paliado con los productos siderúrgicos, a lo que el organismo responsable del Puerto añade el tráfico de automóviles.
Durante los primeros cinco meses del año esta actividad ha crecido un 13,4%, impulsada por las exportaciones de Mercedes y de General Motors, firmas con las que el recinto portuario trabaja habitualmente y que le han generado ejercicio tras ejercicio beneficios, incluso cuando el sector del automóvil se encontraba en horas bajas debido a escándalos como el protagonizado por Volkswagen.

Refugiados de la chatarra

Refugiados de la chatarra
Miles de inmigrantes recorren las calles de España desde el comienzo de la crisis en busca de residuos metálicos, chatarra, para sobrevivir.

Esta es la historia del senegalés Sarra Waly
Un buen día son unos 300 kilos de chatarra. Con ese peso, el carrito de Sarra traquetea de lado a lado por la acera y apenas puede anclarlo en una farola mientras rebusca con las manos en algún contenedor. Un buen día suelen ser 30 kilómetros andando durante 10 horas sin parar a comer. Da igual. Porque cuando llega a la báscula y los dígitos tienen tres cifras significa que ha valido la pena. Son 40, 50 euros… Pero antes de cobrar hay que triturarlo todo a martillazos en la nave. Calderas, tornillos, placas de ordenadores, tuberías… Las partículas de polvo metálico vuelan por los aires y la montaña de residuos crece a cámara rápida. Eso también tiene que hacerlo el senegalés Sarra Waly, uno de los miles de inmigrantes que la crisis expulsó del mercado laboral y que han encontrado refugio en la chatarra.

Barcelona es la capital de este fenómeno. Por el clima, por la orografía y puede que por la posibilidad de almacenar la basura metálica que ofrecen las naves abandonadas del antiguo barrio industrial del Poble Nou.

Pero en todas las ciudades de España —en Madrid suelen ser rumanos— hay gente empujando un carrito de supermercado con un palo en la mano para escudriñar en el fondo de los contenedores.

Desde el comienzo de la crisis, estos vagabundos de la chatarracomo los bautizaron y retrataron brillantemente en su novela gráfica Jorge Carrión y Sagar Forniés— buscan fortuna desguazando los restos de la bonanza española que ellos mismos ayudaron a construir.

La mañana que EL PAÍS recorrió las calles de Barcelona con uno de ellos, la mayoría eran subsaharianos. Pero también hay rumanos, marroquíes, españoles y hasta un japonés que lleva un perrito atado al carro toda la jornada. Algunos duermen en naves abandonadas o en alguno de los más de 40 asentamientos ilegales que hay en Barcelona. Otros viven en pisos patera de y pagan el tren el día que pueden para ir venir a trabajar. El precio de lo que buscan, torpedeado por la producción de acero chino y el exceso de achatarramiento, se ha desplomado un tercio desde 2006. Para sobrevivir, cada vez hay que cargar más.

En aquella época, Sarra Waly, senegalés de 37 años con hija y esposa en Tambacounda, no pensaba en la cotización del metal en la Bolsa de Londres, el mercado donde se decide el valor de lo que él recolecta hoy como medio de vida. Hijo de una familia de campesinos, llegó en 1999 a España, donde entró con la ayuda de una agente de la Guardia Civil en Ceuta, recuerda antes de empezar su jornada. Desde entonces ha hecho de todo, siempre con sus manos, grandes y endurecidas especialmente en los dos últimos años. Jardinero, recolector de fruta en Murcia… En 2006, en plena burbuja, consiguió un trabajo en una subcontrata del túnel del AVE. Ganaba 2.500 euros. Su jefe de entonces acabó en la cárcel por inflar precios. Y él, en la calle.

A las 7.30, decenas de buscadores llegan a la nave de la calle Juan de Austria. Traen en el bolsillo un papelucho arrugado con un número de registro para vender aquí el género. Al final de la jornada, lo entregan en la báscula y Karim, un senegalés de 40 años que ha prosperado en este negocio, les paga el precio correspondiente: 0,13 euros por kilo. Es difícil pasar de 30 euros. “Así no se vive, se sobrevive”, admite con unos auriculares al cuello y una sudadera azul. Luego, él lo vende a una chatarrería más grande de Badalona que termina llevándolo a una fundición para transformarlo en acero.

España recoge alrededor de 7,2 millones de toneladas de chatarra al año. Una buena parte procede de los carros de estos supervivientes. Alicia García Franco, directora general de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje, cree que se trata más bien de un problema social. “Esta gente no roba, recoge material abandonado o pedazos de instalaciones desechadas… Lo llevan a una chamarilería, que es pequeña y legal. Están limpiando las calles y se sacan un dinero”, señala.
Pero algunas mafias ven mano de obra barata y los reclutan en pequeñas cuadrillas que distribuyen en distintos lugares de la ciudad. Trabajan en turnos de noche y de día. Pasadas las horas, les recogen con las furgonetas de nuevo y les pagan un pequeño porcentaje por los residuos. Ibrahim, un buscador de Gambia que camina por el Ensanche barcelonés, trabaja así. Al principio le salía a cuenta; hoy se ha convertido en esclavo de otros compatriotas, asegura.

En parte por eso, el Ayuntamiento de Barcelona creó la cooperativa que ha empezado a dar cobijo legal a algunos buscadores desde hace un año. De momento hay unas 25 personas de casi 10 nacionalidades distintas. Pero cuesta arrancar “Queremos evitar esas situaciones regularizando a estas personas. Pero somos conscientes de que estamos empezando”, señala Guillermo Rojo, coordinador de Alencop. La mayoría sigue a la intemperie legal.

Cada día, a partir de las seis de la tarde, 10 horas después de comenzar el viaje, regresan a la nave en procesión. En la puerta esperan unos cuantos marroquíes que examinan los carros y buscan algún objeto para revender. Ofrecen uno, dos, tres euros... Mohamed embarca una vez al mes su coche en un ferry hasta Tánger cargado hasta arriba para revender esos artículos. Conoce a casi todos los buscadores. “Es curioso, se habla mucho de los refugiados y de lo necesario que es ayudarles. Y es cierto. Pero a veces nadie se acuerda de los que estamos aquí”, analiza.

 Sarra pasa por su lado y sonríe por debajo de su bigote. Todavía le queda una hora de desguace para volver a casa.